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Escudos nobiliarios de alguna de
las mas destacados conquistadores que se afincaron en Lima.(Torres
Saldamando,1888)
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Detalle del plano de Lima dibujado
por el Padre Nolasco en 1685, donde se aprecia la ubicación
de la plaza de la Inquisición y los edificios de la Caridad
(39) y de la Real Universidad (38).
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Antiguo grabado de la plaza de
la Universidad hacia la primera mitad del XIX
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Óleo de Rugendas con una
escena romántica en la Plaza del Mercado.1843
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El mercado principal de Lima, según
un óleo de Mauricio Rugendas 1843.Detalle
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La Plaza alrededor de 1870, conservando
aun el frontis colonial de la iglesia de la Caridad
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La plaza Bolívar hacia finales
del siglo XIX (Archivo Courret). Nótese la remodelación
neoclásica tardía del frontis de la iglesia de la
Caridad.
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El monumento al Libertador Simón
Bolívar
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La plaza a finales del siglo XIX
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Plano del Cuartel Segundo de Lima
antes de ser modificado por la construcción de nuevas avenidas.
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La plaza hacia comienzos del siglo
XX .
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El monumento a Bolívar en medio
de una espléndida arboleda que engalanaba la plaza.
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La Época Colonial
Fue esta plaza una de las tres plazas
principales de la Lima colonial y la segunda en importancia luego de la
plaza mayor de Lima. En sus contornos se afincaron algunas de las instituciones
de mayor trascendencia en la vida civil y religiosa del Perú colonial
y aun republicano. No es exagerado afirmar que gran parte de la historia
del Perú discurrió en torno de esta plaza.
La Plaza del Estanque
Desde los primeros años de la Colonia,
a partir de la fundación de Lima, las informaciones existentes sobre sus
orígenes son sumamente escasas. Las referencias documentales señalan que
la zona era conocida inicialmente como del "Estanque", probablemente debido
a la existencia de un reservorio de agua en aquel lugar; este reservorio
o estanque mas propiamente, debió ser parte de la red hidráulica asociada
a un primitivo ramal del canal de Huatica que pasaba por dicha zona. Es
conocido también, que en esta zona el conquistador Francisco Pizarro,
tenía su huerta, conocida como "Huerta del Estanque" en los terrenos –
que según José Gálvez (1943:33)- , serían luego los barrios de la Universidad
y del Colegio Real.
La planta trapezoidal de esta plaza - conocida en aquellos años como la
"Plaza del Estanque" -inusual para la planificación prevista de la ciudad
de Los Reyes , que propendía en cambio a un trazo rectilíneo y una conformación
llamada de "damero" o de cuadriláteros, tal como fue establecida inicialmente
por el propio Pizarro, ha hecho sugerir a algunos investigadores la posibilidad
de que en dicha área existiera algún tipo de edificación o estructura
prehispánica que acondicionara esta forma resultante. En el mismo sentido
se ha sugerido también, que la planificación urbana de la Lima colonial
se adecuo a la previa existencia de caminos y acueductos prehispánicos,
los cuales finalmente modelaron muchas de las calles y plazas que se establecieron
en estos primeros años de la Lima hispánica.
La Plaza de la Inquisición o del Santo Oficio
Con el transcurrir del tiempo y el consiguiente
progreso de la ciudad, alrededor de esta pequeña plazuela se erigieron
diversos edificios e instituciones coloniales que hicieron que esta se
convirtiera en la segunda plaza en importancia de la ciudad. Efectivamente,
hacia el lado Sur de la misma, se edificaron los ambientes del Tribunal
del Santo Oficio de la Inquisición, razón por la cual esta prontamente
sería luego conocida como la Plaza del Santo Oficio o mas comúnmente como
la Plaza de la Inquisición, denominación esta ultima que se convertiría
en una de las mas usadas para referirse a esta plaza. Esta temida y respetada
institución comenzó sus actividades en el Perú alrededor de 1570, luego
de haber estado su local inicial frente a la Iglesia de la Merced, fue
luego trasladada a la plazuela del Estanque, donde son finalmente erigidos
sus ambientes principales, entre ellos los aposentos para los estrados,
la cárcel, las oficinas, la casa del inquisidor y una suntuosa capilla
con puerta hacia la plazuela misma.
Hacia el lado Este de la plaza, fue instalado el Hospital
de San Cosme y San Damián, a cargo de la hermandad de la Caridad, razón
por la cual fue mas comúnmente conocido como el Hospital de la Caridad.
Esta hermandad fundada hacia 1559, tenía por objeto la noble tarea de
curar a mujeres enfermas, tanto españolas como mestizas, mulatas y aún
negras congas, además de recoger a doncellas mestizas que coadyuvasen
y sirviesen en esta labor a cambio de la asistencia que les brindaba la
propia hermandad.
En la misma cuadra de la Iglesia y del Hospital de la
Caridad, pero hacia el lado norte de ella, se había establecido desde
1550 la Casa de Recogimiento para jóvenes mestizas conocida con el nombre
de San Juan de la Penitencia. Hacia 1570 esta institución estaba casi
extinguida, por lo cual el Virrey Toledo asignó este local para el funcionamiento
de la Real Universidad de San Marcos en 1576, aunque la inauguración oficial
se realizó recién el 25 de abril de 1577, día del patrón de la Universidad,
con asistencia del propio Virrey Toledo, acompañado de la Real Audiencia,
cuerpo de eclesiásticos y gente principal de la ciudad.
La Plaza de las tres virtudes teologales
El cronista Fray Antonio de la Calancha,
quien dedicó muchas de sus paginas a la descripción de la Lima de comienzos
del siglo XVII, indicaba sobre la Plaza de la Inquisición, que:
"Esta es una plazuela que debe ser memorable, por que en ella están
los tres palacios de las tres virtudes teologales, Fé, Esperanza y Caridad;
la Fé en el palacio y casa del Santo Tribunal de la Inquisición; la
Caridad, en la casa que tiene este nombre continua con la Universidad,
erario de varias misericordias, salud, estado y remedio de doncellas
y mujeres pobres, en dos Colegios Recoletos y de pobres vergonzantes
en toda la ciudad; la Esperanza está en la Universidad, donde los excelentes
sujetos avivan los trabajos y continúan los estudios esperando unos
las guarnachas, otros las mitras, muchos aprenden esperando premios
y conversión de infieles y mejora de católicos y todos esperan onras
o premios..."
El conocido cronista de la Colonia, Fray
Bernabé Cobo en su obra "Historia de la Fundación de Lima" indicaba que
hacia comienzos del siglo XVII, eran tres las plazas principales de Lima,
a saber la plaza Mayor , la plazuela de Santa Ana y la plazuela de la
Inquisición, estas dos ultimas de menor tamaño pero también albergando
igualmente en sus linderos importantes edificios de la época.
De la plaza de la Inquisición refiere
textualmente Cobo, que a ella::
"... llamamos Plazuela del Santo Oficio y de la Universidad, porque
están en ella las casas de este Santo Tribunal y las escuelas (de San
Marcos)... esta adornada de edificios graves, porque tiene a un lado
las casas del Santo Oficio, al otro el hospital de la Caridad y la Universidad,
y respecto de los estudios es muy frecuentada. Las otras dos aceras
son de muy buenos edificios, con muchos balcones y ventanas..." Cobo,
(1639)1882:59
En el centro de la Plaza, fue instalada una fuente de
agua, lo que permitió a muchos vecinos el acudir a ella, pues sus aguas
venían provenientes directamente de las surgentes y manantiales de la
Atarjea, por medio de un acueducto abovedado de cal y ladrillo construido
específicamente con este fin, pues las aguas que circulaban por los canales
a tajo abierto eran totalmente inapropiadas para su consumo y aun las
del propio rió Rimac eran reputadas como indigestas o causantes de varios
males. Precisamente para el mejor funcionamiento de este acueducto señalado
se construyó en las cercanías un reservorio conocido como la Caja de Agua
de la Caridad, llamada así por encontrarse en las inmediaciones del colegio
y hospital del mismo nombre, y desde donde se distribuía el agua por medio
de cañerías de arcilla hacia la fuente de la plaza y a otros puntos de
la ciudad. En el plano elaborado por el padre Pedro Nolasco hacia 1685,
es posible apreciar la ubicación y características principales de esta
fuente.
Durante la vigencia de la Colonia, la
Plaza de la Inquisición fue escenario de varios de los mas importantes
actos conmemorativos relacionados con la Universidad y con el Santo Oficio,
muchos de estos actos eran siempre presididos por los distintos Virreyes
que gobernaron alternadamente el Perú. Algunas descripciones de la época,
indican un gran boato y magnificencia en estas ceremonias, especialmente
cuando el Virrey asistía a los solemnes actos dentro de los ambientes
de la Real Universidad de San Marcos. En estos actos públicos acostumbraba
asistir las corporaciones coloniales mas importantes de la ciudad y lo
mejor de la nobleza limeña.
Demás esta en señalar que todos los Actos
de Fe, desarrollados por la Inquisición, iniciaban el recorrido desde
su propia sede en la Plaza, por lo que esta fue a lo largo de varios siglos
testigo de estos penosos como soberbios espectáculos, donde tantos inocentes
sufrieron la ignorancia y fanatismo de toda una época.
Una curiosa anécdota es referida para
este periodo, aunque algunos historiadores la han tenido como no cierta,
esta se ha perdurado en la tradición popular, reflejando de alguna manera
los sentimientos que la población limeña tenía sobre la propia Inquisición.
Referencias sobre este hecho las encontramos en el viajero y marino ingles
William Stevenson (1829) y en los "Anales de las Inquisición de Lima",
escritos por el gran Ricardo Palma (1897). En este ultimo trabajo Palma
dice al respecto:
"Premunidos en sus privilegios, llegó ocasión en que los inquisidores
se atrevieron a llamar a juicio hasta el representante de la corona.
Citado a comparecer ante el Tribunal el marqués de Castelfuerte, se
hizo escoltar hasta la puerta por una compañía de sus guardias y dos
piezas de artillería. Penetró en la sala de audiencias, colocó su reloj
sobre la mesa y previno a sus señorías que, si antes de sesenta minutos
no había terminado la sesión y salido él a la calle, sería cañoneado
el edificio. Dicho esto, tomó asiento y contestó a las futilezas que
se le preguntaron. Inútil es añadir que media hora después el virrey
se retiraba tranquilo"
La Plaza de la Universidad
En los primeros días a la llegada del
Ejército Libertador a Lima, la Plaza de la Inquisición, fue una de las
plazas elegidas por el propio San Martín para la proclamación de la independencia
del Perú el 28 de julio de 1821. En esta oportunidad, el acto de proclamación
fue idéntico en todas las plazas indicadas, al que se realizó en la Plaza
Mayor de la ciudad. Posteriormente, como era costumbre de aquella época
, la Universidad de San Marcos programó un solemne acto de recibimiento
para el general San Martín como Protector del Perú. Este acto se realizó
la tarde del jueves 18 de enero de 1822, en aquella ocasión el general
San Martín y su comitiva desfilaron desde Palacio de Gobierno hasta la
Plaza de la Inquisición, lugar donde se ubicaba el local principal de
la Universidad de San Marcos. La ceremonia central se realizó en el tradicional
Salón General, que anteriormente había servido solo para las discusiones
académicas. (Valcárcel,1989:384)
La proclamación de la independencia nacional y la consolidación
del ejército de San Martín, llevó a que muchos patriotas consideraran
indispensable el establecer una Constitución que organizara políticamente
a la naciente republica, encarnándose en sus páginas los mas altos ideales
de libertad e independencia, propios de la época. Así, el general San
Martín, en concordancia con estos nobles deseos, en un decreto fechado
en diciembre de 1821, convoca a un Congreso Nacional Constituyente, para
lo cual fueron considerados como los mas adecuados, los ambientes de la
Universidad de San Marcos ubicados en la Plaza de la Inquisición, pues
esta prestigiosa institución contaba en aquel entonces con dos amplios
recintos apropiados para este tipo de actos públicos, como su espaciosa
Capilla apta para recibir hasta 500 personas o el Salón General, con capacidad
aun mayor, dado que podía albergar unas 800 personas.
A pesar de esta convocatoria pública, el Congreso recién
pudo instalarse el 20 de septiembre de 1822, logrando conformar la Suprema
Junta Gubernativa, conformada por el general José de la Mar, don Manuel
Salazar y Baquíjano y don Felipe Alvarado, como también llegar a promulgar
las Bases de la Constitución Política de la Republica Peruana, el 17 de
diciembre del mismo año. En aquella oportunidad, la Capilla de la Universidad
fue la sede de las primeras reuniones de esta Asamblea Legislativa.
Con la perdida de autoridad del Tribunal de la Santa
Inquisición en los primeros años del siglo XIX y su posterior clausura,
la plaza otrora regentada por el orden y la disciplina, fue paulatinamente
convirtiéndose en un amplio mercado, donde imperaba en cambio el desorden
y el hacinamiento, pues no se contaba en aquel entonces con ningún tipo
de acondicionamiento para la realización de esta actividad comercial.
Así, luego de la instauración del Protectorado de San Martín y la elección
del amplio local de la Universidad de San Marcos como sede del primer
Congreso republicano, el Ministro de Gobierno, Bernardo Monteagudo dispuso
por la urgencia del caso el traslado de este mercado hacia otro punto
de la ciudad donde precisamente se les pudiera brindar las facilidades
y comodidades necesarias a los comerciantes locales para continuar con
el imprescindible expendio de abastos.
Fue Monteagudo en esta decisión, un gran
previsor de los futuros mercados tan modernos como higiénicos que las
nuevas épocas demandaban, así como también un claro promotor de nuevos
hábitos y costumbres republicanas, pues prefirió llamar a la antigua plaza
de la Inquisición, como la Plaza de la Universidad, mucho mas acorde con
este período de libertad y emancipación. Entre las consideraciones expuestas
por Monteagudo, hay algunas que refieren directamente al estado de la
plaza en aquella época, las cuales además nos brindan una descripción
realista de ella. En un decreto firmado por él mismo, en 18 de junio de
1822, entre otras cosas señala que:
" La plazuela de la Universidad y sus calles inmediatas, donde hoy
se halla el mercado, ofrecen la vista mas desagradable de toda la población:
el paso de los transeúntes, casi siempre embarazado; los comestibles,
esparcidos por el suelo, sobre esteras en que es imposible evitar la
aglomeración de inmundicias, ni preservar la buena calidad de los alimentos;
el piso, cubierto de tropiezos e irregularidades, por la necesidad que
tienen los vendedores de colocar una especie de toldos, para ponerse
al abrigo de las estaciones; por ultimo, el desorden que es consiguiente
a la confusión de asientos sin método ni comodidad alguna_ son inconvenientes
que exigen por sí solos un pronto remedio, prescindiendo de la necesidad
que actualmente hay que mudar el mercado, por la aplicación que se ha
hecho de la Universidad para las sesiones del Congreso."
La Plaza de la Constitución
No fue esta la única disposición adoptada por el siempre
activo y perspicaz ministro Monteagudo, pues a los pocos días resuelve
cambiar el antiguo nombre de la plaza, por el de Plazuela de la Constitución,
a fin de perpetuar el nacimiento de la nueva republica peruana y especialmente
de la instauración del flamante Congreso. Además, de este cambio de nombre
se proyectó la construcción de un monumento central, a manera de columna
romana, coronada con la efigie de San Martín y en la que se resaltaría
la fecha de instalación del Congreso, así como los actos de mérito que
en el se desarrollen.
De esta manera, el 6 de julio del mismo año, firma otro
decreto disponiendo este cambio, el cual a la letra dice:
" Para el 10 del que rige debe removerse el mercado de la plazuela
denominada de la Universidad, y mas comúnmente de la Inquisición, a
los lugares que designa el decreto de 18 del pasado. Aquel sitio será
tan memorable en lo sucesivo, como ha sido antes odioso, por hallarse
en él situado el tribunal del Santo Oficio, donde han gemido tantas
victimas bajo el imperio de la superstición y de la tiranía política.
Sus calabozos eran, en los últimos tiempos, la mansión de los mas ilustres
patriotas; y desde el fondo de su lóbrego y mortífero recinto, se han
elevado clamores que no han dejado de ser oídos. La Inquisición y los
inquisidores ya no existen entre nosotros : en su lugar, la Alta Cámara
administra justicia, respetando las leyes que emanan de la naturaleza;
y cerca de este lugar, va por ultimo a reunirse el primer Congreso peruano.
Justo es que se conserve la memoria de las causas y época de este cambiamiento,
y que el paraje a donde tantos se han acercado temblando de horror,
ofrezca un monumento, cuya magnificencia se aumente en cada año... Por
tanto – el Supremo Delegado, ha acordado y decreta – 1· La plazuela
denominada antes de la Inquisición, se llamará en lo sucesivo Plazuela
de la Constitución.- 2· En su centro se levantará una columna por el
modelo de la columna Trajana, y con las modificaciones del diseño que
se dé, restableciéndose cerca de su base la fuente publica que antes
existió allí. – 3· La columna será coronada por una estatua pedestre
que represente al Protector del Perú, señalando el día en que se proclamo
su libertad, realzado en el pedestal con caracteres de oro. – 4· En
la base se inscribirá el día en que se instale el Congreso Constituyente
del Perú. – 5· Se sobrepondrá a la columna, en cada año, un anillo de
bronce dorado, en que se inscriban los acontecimientos mas memorables
de él; y esta solemne ceremonia se practicará en los aniversarios sucesivos
de la instalación del Congreso, para que la posteridad encuentre en
ellos la historia de los sucesos que hayan influido en su destino..."
Lamentablemente, ninguna de estas disposiciones fue cumplida,
pues Monteagudo poco tiempo después fue finalmente destituido y como seria
característica de todo el siguiente periodo republicano, muchos decretos
no pasaron del papel, circunstancia básicamente debida a la precariedad
de las instituciones y la permanente inestabilidad política que caracterizó
a el Perú durante casi todo el siglo XIX. Sin embargo, por algún tiempo
la nueva denominación fue usada y muchas de las consideraciones de orden
patriótico para la ubicación de la columna y la estatua de San Martín,
fueron en cambio apeladas para la erección del monumento a Bolívar como
Libertador del Perú, por el Congreso Constituyente de 1825.
Similar a lo ocurrido anteriormente con San Martín, el propio Bolívar
ya investido del título de Libertador del Perú, fue también invitado a
asistir al Recibimiento que le brindaba la Universidad de San Marcos en
su propio local de la plaza de la Inquisición, ya conocida ahora como
plaza de la Constitución. Este acto realizado el 3 de junio de 1826, se
desarrolló en la mas estricta formalidad republicana, pero no por ello
escaso de pompa y espectacularidad. De acuerdo con el historiador Carlos
Daniel Valcárcel, que describe esta ceremonia:
" La parte mas interesante fue realizada en la tarde. Pasadas las
tres, una comisión constituida por diversas Corporaciones se dirigió
a Palacio con el fin de sacar al Libertador y conducirlo al recinto
de la Universidad. Bolívar iba en un coche, con su Consejo de Gobierno,
formado por La Mar, Unanue y Larrea y Loredo. Seguían los miembros de
la Corte Suprema y de la Corte Superior, la Municipalidad, el Arzobispo
y su Cabildo Eclesiástico, los Catedráticos de la Universidad, las diferentes
Ordenes religiosas, encabezadas por sus Prelados, los Colegios, el tribunal
de Cuentas, los funcionarios de la Hacienda Publica, de Minería y demás
corporaciones de la ciudad: iban vestidos con sus ropas de gala, formando
un conjunto impresionante.
Como adecuado marco, una brillante escolta militar desfila a caballo
y a pie, marchando delante, detrás y a los costados de la comitiva oficial,
Otro grupo estaba ya ubicado en la plaza de la Inquisición o de la Constitución,
cuidando de la ubicación de los coches y de mantener el orden. El desfile
se realizó a lo largo de las históricas calles de Arzobispo y Zárate.
En la puerta principal fue colocado un grupo de infantería para oficiar
de centinela en este sitio y en el interior de la Universidad." (1989:444)
Sin embargo, contrastando con el lujo de estas ceremonias
públicas, algunos de los mas importantes edificios existentes en la Plaza
comenzaron a decaer en el mantenimiento de sus instalaciones, como es
el caso mas evidente con el local del Santo Oficio, pues luego de su clausura
en 1813, es violentamente saqueado por parte de la población limeña que
ya había comenzado a detestar esta contradictoria institución. Algunos
de sus ambientes, antes temidos por todos los habitantes de Lima, fueron
luego usados como alojamientos de tropas básicamente de aquellas que eran
parte del ejército patriota, situación que muchas veces se torno bastante
caótica especialmente en el recrudecimiento de la guerra contra las fuerzas
realistas y durante los frecuentes períodos de inestabilidad política
posteriores.
Según el viajero Robert Proctor, contemporáneo con estos hechos: "...este
edificio ha desmejorado mucho, (es notable aun) por sus puertas macizas,
y una inscripción en ellas para justificar la propagación del cristianismo
al filo de la espada. En los calabozos y cámaras interiores se exhiben
instrumentos de tortura y argollas y cadenas con que los reos eran atados
a las paredes. Últimamente la Inquisición ha sido utilizada por tropas
de la guarnición de Lima" (1824)1971:196
Otro viajero, Rene Lesson, quien logró conocer la Plaza precisamente
en este período, decía sobre ella que ésta se encontraba empedrada de
manera similar a la plaza Mayor y otras áreas de Lima. Así indicaba que:
"La plaza de la Inquisición se llama hoy día de la Constitución.
Tiene forma triangular...el pavimento de las calles se compone de redondos
pedruscos, arreglados simétricamente, aunque fastidiosos para las personas
que van a pie." 1971(1823):345
La Plaza del Mercado
En los inicios del periodo republicano , la Plaza de
la Inquisición mostró pocos cambios importantes, pues en general la mayor
parte de los edificios circundantes mantienen sus formas originales. Los
proyectos de remodelación y ornato dictados por Monteagudo, fueron en
la practica desestimados, pues la plaza misma terminó convertida en el
mercado principal de Lima, conservando las mismas condiciones de desorden
e insalubridad de los años anteriores. En este tipo de mercados se expendían
un gran numero de objetos diversos, abundando los de carácter alimenticio
o de pan llevar, que los propios indios chacareros, ganaderos o pescadores,
transportaban hacia estos puntos, lo que de hecho significaba un importante
ingreso en sus modestas economías. Hecho resaltante lo constituían los
pescadores, quienes hacían transportar su mercadería por sus esposas desde
puntos lejanos como Ancón o Chorrillos, partiendo para ello muy temprano
de estos pueblos a fin de que el pescado llegue fresco a los puestos de
venta. (Vallejo, 2000 Ms).
Un viajero de la época ,el ingles Robert Proctor, quien
llegó a presenciar estas curiosas escenas, indicaba que:
"Los mercados son las partes mas sucias de la ciudad y están atestados
de negros que cocinan platos sabrosos al aire libre para vender a los
transeúntes. Traen el pescado en canastas mujeres indias de la costa,
principalmente de Chorrillos. Los vendedores de fruta y legumbres los
extienden por el suelo bajo un enorme paraguas de lona: estos productos
son traídos por esclavos desde las chacras y huertas de los arrabales..."
(1824)1971:196
En realidad la existencia de vivanderos y diversos vendedores
en la plaza data de alrededor de 1799, cuando el en aquel entonces Virrey
del Perú, el Marques de Osorno, determinó el traslado del mercado principal
de Lima ubicado en la Plaza Mayor, destinando esta exclusivamente para
la Parada Militar y otros actos de similar índole. Así las vivanderas
que se ubican en la Plaza Mayor fueron reubicadas en otras plazas de la
ciudad, como las de Santa Ana, San Francisco, San Marcelo, etc y por supuesto
en la Plaza de la Universidad. (Larrabure,1885:124). Con todo, además
de los varios grupos de vivanderos diseminados por las plazas de la ciudad,
el mercado principal mantuvo su importante presencia en la plaza de San
Francisco en un primer momento y luego en la plaza de la Universidad,
donde es posteriormente trasladado, funcionando ahí hasta alrededor de
1846 en que este es finalmente ubicado en terrenos del Monasterio de la
Concepción.
En los diversos grabados y óleos de los pintores románticos
de la primera mitad del siglo XIX, como es el caso mas conocido de Juan
Mauricio Rugendas, es posible apreciar algunos detalles relacionados con
el funcionamiento de este mercado en la Plaza de la Universidad, aunque
tratados con una visión idílica en sus escenas. Destaca con todo, la gran
concurrencia de publico limeño, la variedad de los productos ahí expendidos
y por supuesto, la notoria precariedad de los puestos de venta.
La Plaza de la Independencia
Los siguientes veinte años de vida republicana, la otrora
casi sacra Plaza de la Inquisición, quedaría convertida a poco en la "
plaza del mercado", denominación que llegaría al punto de confundirse
con su nombre original proveniente desde la Colonia, o con los mas recientes,
como el de la Constitución y el ultimo adquirido, en esta suerte de renovación
periódica a la que se encontraba sujeta la plaza, aunque solo fuera en
su denominación particular, a gusto del credo y circunstancias políticas
de cada época. Así, a poco de concluir la primera mitad del XIX, se le
conocería como la Plaza de la Independencia, aunque este ultimo nombre
en realidad fuese en un inicio otorgado a la antigua Plaza Mayor, allá
por los años del famoso ministro Monteagudo, pero que quizás por propia
corrupción de su uso devino hacia la ya tantas veces rebautizada Plaza
de la Inquisición.
Por aquel entonces, parte del antiguo edificio de la
Inquisición y especialmente su bella Capilla, fue convertida en un Museo
y en un Gabinete de historia natural a iniciativa de don Mariano Eduardo
de Rivero, hombre amante de la historia y de la ciencias. La muestra inicial
a juicio de algunos visitantes de la época, entre los que se cuenta con
la ilustre Flora Tristan, era muy modesta, pues apenas se exhibían algunas
momias "de los Incas", algunas cerámicas antiguas y curiosas, objetos
prehispánicos de metal, así como pájaros disecados, conchas y muestras
de minerales, entre otros objetos. Puede decirse, que a pesar de su limitación,
este Museo constituye el inicio de los museos nacionales en el Perú.
Hecho memorable en la historia de la plaza, constituyó
la importante decisión de erigir un monumento al gran Libertador Simón
Bolívar. Este acuerdo fue inicialmente adoptado por el Congreso Constituyente
de 1825, precisamente el 12 de febrero de aquel año, en medio de las celebraciones
cívicas a raíz de la reciente victoria de Ayacucho sobre las armas españolas.
Decía este acuerdo, expresado como una ley dictada por la gratitud nacional,
entre otros artículos , como el de acuñar una medalla con el busto de
Bolívar y además concederle un millón de pesos, que:
"Se erigirá en la Plaza de la Constitución un monumento con la estatua
ecuestre del Libertador, que perpetué la memoria de los heroicos hechos
con que ha dado la paz y la libertad al Perú."
El enorme desprendimiento del Libertador hizo que este
declinara de tan generosa.
recompensa, muy difícil de entender en estos tiempos actuales, señalando
con su acostumbrado énfasis : " ¿Por qué quiere confundirme, humillarme
el Congreso, con dadivas excesivas; y con un tesoro que no debo aceptar?".
En aquella época, con el objeto de iniciar los trabajos,
se organizó una ceremonia de los mas elocuente y acorde con la nueva era
republicana que se afirmaba en el Perú. La fama de Bolívar en esos años
se encontraba en la cima de su gloria y gozaba por lo tanto de enorme
popularidad, así que el propio Consejo de Gobierno, presidido por el sabio
Hipólito Unanue, fue el encargado de poner la primera piedra. En este
mismo acto, junto con la primera piedra se enterró un ejemplar del Decreto
del Congreso y la Constitución del Estado, varios escritos de elogio al
Libertador, valiosas medallas conmemorativas de la gesta bolivariana y
muchas monedas de oro, plata y bronce.
Sin embargo, a pesar de esta emotiva ceremonia, la ejecución
de la obra debió postergarse todavía muchos años, tanto por motivos políticos
como presupuestarios, hasta que el gobierno del General José Rufino Echenique,
tomó la valiosa decisión de llevarla a cabo, encomendándole en 1853 al
ilustre Monseñor Bartolomé Herrera, en aquel entonces Ministro ante la
Santa Sede, la contratación del mejor escultor de esos años, el gran maestro
italiano Adán Tadolini. Para el efecto, se facilitó al escultor, toda
una serie de referencias y retratos que reflejaran la verdadera semblanza
de Bolívar, ya fallecido en ese entonces. Como era de esperarse, Tadolini
ejecutó una verdadera obra de arte y logró reflejar con gran exactitud
las características físicas del Libertador. Esta gran obra de arte, llegó
a causar tanta admiración en la corte romana, que se menciona que el Secretario
de Estado Romano, y aun el propio Papa Pió IX, fueron a ver esta estatua.
.
Un raro folleto anónimo detalla algunos aspectos relevantes
en torno a esta estatua; este folleto titulado "Biografía del Libertador
Simón Bolívar con una descripción de la Estatua de la Plaza de la Independencia
y una relación de la Batalla de Ayacucho", e impreso en Lima en la librería
central del Portal de Botoneros en 1859, constituye ahora una pequeña
joya bibliográfica. De ahí extraemos que el maestro Tadolini llegó a cobrar
alrededor de 4,500 pesos por la realización de la obra y su modelado en
yeso. La fundición final de esta magna estatua se realizó en la célebre
Fundición Miller de Munich, por un costo de 11,000 pesos y alrededor de
800 pesos adicionales por los bajos relieves. Para la disposición definitiva
de la estatua, se concibió un sobrio y elegante pedestal de mármol, capaz
de brindarle la altura necesaria; para ello se le encomendó al artista
romano Felipe Guacarini la talla del mismo. En este mismo pedestal debían
acondicionarse dos grandes bajorrelieves con escenas de las dos principales
batallas por la libertad del Perú: Junín y Ayacucho.
La noticia sobre la realización de esta majestuosa obra,
llegó incluso a oídos del entonces presidente de Venezuela, el General
Guzmán Blanco, por lo que solicitó al gobierno peruano el permiso para
aprovechar los moldes de la fundición y poder fundir una estatua gemela
que pudiera ser erigida en su país, como es la que hoy en día existe en
la ciudad de Caracas.
La Plaza Bolívar
No podía faltarle a esta ilustre plaza el nombre de un
ilustre americano, quien no solo dejaría huellas imborrables en la historia
de la América durante su vida, sino aun en su posteridad.
Aunque la obra había sido en gran parte concebida durante
el gobierno de Echenique, le tocó el privilegio de su inauguración al
Mariscal Ramón Castilla, convertido en nuevo Presidente del Perú. La llegada
de la estatua al Perú en 1859, luego de una larga travesía desde la Baviera,
conllevó a enormes problemas de traslado desde el puerto del Callao hasta
su emplazamiento definitivo, pues el peso y volumen de la colosal obra
imponían retos nuevos para los ingenieros peruanos de aquel entonces.
Dado que el Presidente Castilla se encontraba en campaña en la frontera
norte del Perú, se creyó conveniente por el encargado de la Presidencia
de la República, don Juan Manuel del Mar, que la instalación de la estatua
sirviera para demostrar vividamente el pensamiento continental que el
Perú albergaba al erigirla, precisamente como un símbolo de la obra armónica
y de paz que desarrollaron los Libertadores en la América.
Gracias a la existencia del ferrocarril del Callao a Lima, construido
por obra de Castilla y luego de resolver los problemas técnicos que existan
dado el enorme peso de la estatua sobre la misma vía y el vagón de carga
asignado, se pudo trasladarla sin mayores contratiempos hasta la estación
de San Juan de Dios (hoy correspondiente a la Plaza San Martín). En este
punto, sin embargo comenzaban los verdaderos problemas de traslado, pues
las calles de Lima por ser empedradas y estrechas poco facilitaban esta
labor. Este trabajo final y por ello de gran cuidado, fue encomendado
a la pericia de don Mariano Felipe Paz-Soldán, quien utilizando una línea
Decauville, que le servía para trasladar los pesados bloques de piedra
destinados a la construcción de la Penitenciaría, de la cual se encontraba
a cargo. Estos pasos fueron de gran angustia para la población limeña,
al tanto de todos los pormenores sobre su valiosa estatua y sumamente
preocupada de que un trágico error pudiera impedir finalmente verla en
su digno puesto para ella reservado. Decía el escritor anónimo de el folleto
ya señalado sobre estos angustiantes momentos:
"En medio del silencio profundo se oye la respiración de millares
de espectadores, inspirados todos por el temor de que falle un cable,
o un movimiento desconcertado eche abajo el querido cuanto poderoso
objeto que se va levantando. Una madre no ve a su hijo con mayor ansiedad
en el peligro que el ingeniero que contempla a su ídolo cuando lo mira
pendiente y en riesgo de caer y despedazarse. Por fin ha llegado a conveniente
altura; el cable cruje, los maderos cimbran, el corazón tiembla; falta
el aliento, más no el alma que preside la peligrosa subida y que esta
segura del buen éxito. El carro empieza a moverse horizontalmente. Una
pulgada mas, y la colosal estatua se asienta sobre el pedestal, apareciendo
como si desde largo tiempo hubiera estado allí colocada.
Durante aquellos años de vida republicana, la tradicional
ceremonia de inauguración de las sesiones del Congreso y la asistencia
a ellas del Presidente de la Republica, era en gran parte desarrollada
en la misma plaza. La traslación del Presidente desde Palacio de Gobierno
hasta la misma sede del Congreso, estaba precedida por una gran expectativa
en la población limeña, así como de un vistoso despliegue de tropas pertenecientes
a la guarnición local hacia lo largo de todo el recorrido. Un testigo
presencial de uno de aquellos patrióticos actos, señala con sus propias
palabras sobre la instalación del Congreso del 6 de agosto de 1847 cuando
era Presidente del Perú, el Gran Mariscal Ramón Castilla:
"Feriado cívico, ya que el Congreso iba a ser instalado.. Las tiendas
fueron cerradas, se izó las banderas en Palacio y otros establecimientos
públicos, así como en los de representación de naciones extranjeras.
Las campanas tañían continuamente y había soldados alineados desde Palacio
hasta el Salón del Congreso, que desde la época de la dominación extranjera
funcionaba en la Universidad, situada en la plaza de la Inquisición.
El Presidente Castilla se dirigió hacia allá, a eso de las 2pm. Los
cuerpos diplomático y consular, habían recibido invitación para estar
presentes en esta ceremonia." (Witt, 1992:369)
Las destrucciones del siglo XX
El advenimiento del siglo XX, con su fuerte influencia
norteamericana y francesa, hicieron creer a muchos políticos, arquitectos
y administradores locales, que el desarrollo de la ciudad pasaba por su
previa demolición. No solo se aborreció en general, a la mayoría de edificios
coloniales que aun subsistían en la tradicional planta urbana de Lima,
sino también se quiso copiar mecánicamente los modelos urbanos de ciudades
modernas como Nueva York, con su clásica distribución de grandes avenidas,
o incluso imponer la construcción de nuevos edificios neoclásicos a semejanza
de aquellos existentes en París; una rara mezcla que conllevará lastimosamente
a la demolición de extensas líneas de fachadas coloniales y de muchos
edificios históricos, gran parte de ellos irremediablemente destruidos
en su totalidad para siempre.
Producto de esta vorágine modernista, fue entre otras,
la construcción de la avenida Abancay, la que en el recorrido impuesto
por entre las angostas calles coloniales preexistentes, modificará sustancialmente
un gran numero de edificios y casa coloniales. Muchos de los mejores balcones
limeños, con sus elegantes fachadas son completamente demolidos, tal es
el caso de la conocida calle de Juan de la Coba, que enmarcaba por el
oeste a la Plaza de la Inquisición. Así, esta fatal propensión a la "modernidad"
llevará finalmente a la transformación de toda esta antigua plaza, pues
no solo la avenida Abancay en su ampliación proyectada, seccionará la
antigua casa del inquisidor, perteneciente al complejo del Santo Oficio,
sino que el propio edificio inquisitorial quedará sensiblemente disminuido,
pues parte de él había ya sido transformado en cuartel de bomberos, precisamente
en el área de la Capilla, derruyéndola por completo.
Caso similar ocurre con la cuadra donde existían los
locales del Hospital e Iglesia de la Caridad, los que conjuntamente con
los de la antigua Universidad de San Marcos y ahora del Congreso de la
República, todos con una larga historia colonial y republicana, son tristemente
echados abajo alrededor de 1915 para poder construir el actual Palacio
Legislativo, así como también dar paso a la pequeña plazuela posterior
llamada del Congreso y a la calle Manuel Rodríguez, que seccionará definitivamente
los primitivos terrenos de San Marcos.
El conocido historiador y experto en la arquitectura
colonial limeña Antonio San Cristóbal decía al respecto "... era la plaza
( de la Inquisición) el centro intelectual de Lima, alrededor del cual
estaban localizados los colegios de San Idelfonso, San Pedro Nolasco,
Santo Tomas, San Pablo y el Colegio Real. En el perímetro de la plaza
quedaban los edificios de la Real Universidad, el Hospital de la Caridad
con su iglesia, y la casa de la Inquisición con su capilla; es decir,
el conjunto mas numeroso de edificios virreinales reunidos en un mismo
ambiente urbano. Destruida esta plaza, simultáneamente aristocrática y
popular, la ciudad de los Reyes no ha podido recuperar ninguna otra plaza
que cuente con la belleza plástica de las fachadas y portadas de aquel
viejo mercado que tan profundamente impresionó a los románticos del siglo
XIX." (1988:273)
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